experiencias

un momento muy especial de mi sve

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Giulia vuelve de nuevo al blog para hacer la crónica de su viaje al sur con Emiliano y Yesim para participar en  la evaluación intermedia de su proyecto…

Acabo de volver de Mollina (Málaga), dónde se desarrolló la semana pasada mi seminario de evaluación intermedia.

Quiero compartir con la mayor gente posible este momento muy especial de mi vida; en la formación había ciento cincuenta voluntarios/as que, como yo, han decidido cambiar su vida y marcharse a España por nueve meses o un año.

Como éramos muchos, nos han dividido en grupos más pequeños de 20 personas más o menos, así que tuve la suerte de intercambiar experiencias y de conocer mejor a quienes estaban en mi grupo.

Como en todos los encuentros de Juventud en Acción, tuvimos actividades
muy dinámicas, donde contamos con la suerte  de presentar a nuestros
compañeros lo que hacemos en el día día de nuestros proyectos.

Para mí y para mi proyecto en Avilés, este encuentro ha sido muy importante, porque a través de estos días he podido pararme un poco y reflexionar con los demás sobre lo que la experiencia del Servicio Voluntario Europeo significa para mí y sobre lo que todavía quiero poner en mi maleta antes de volver a Italia.

Me he dado cuenta de que me queda poco tiempo para pasar aquí, y desde ahora, quiero que cada día sea siempre más rico de cosas y quiero
aprovechar cuanto más pueda, descubriendo iniciativas y teniendo contacto con toda la gente posible.

También me ha dado más energía y nuevas ideas; la actividad más interesante ha sido un espacio compartido en el que cada voluntario aportaba sus conocimientos y los recursos que utiliza en el día a día en su proyecto.

Como la mayoría de los voluntarios estamos involucrados en proyectos relacionados con Juventud, he podido sacar muchísimas nuevas ideas y creo que, desafortunadamente, no me queda mucho tiempo para
desarrollarlas todas; pero lo que que he traído en mi maleta a Avilés ha sido más conciencia de cuánta suerte tengo de estar participando en un proyecto SVE; ya lo sabía de antes, pero pararse ha sido importante para poner en orden en mi cabeza todo lo que estoy recibiendo de este proyecto y para concienciarme más de cuánto me está enriqueciendo.

Por eso quiero que la experiencia de voluntaria SVE sea conocida por un número muy grande de personas, porque es verdaderamente una oportunidad única

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emi

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Yo vine a España para tener una experiencia de vida que me pudiera darme la posibilidad de utilizar los conocimientos que aprendí a lo largo de mis estudios.

El Servicio Voluntario Europeo ha significado por mí, mi primera inclusión, en el sentido literal del término. Por primera vez, he tenido que compartir un apartamento con otras personas de diferentes países y culturas, aceptar reglas comunes, compartir las tareas del hogar, etc.

Por mi parte, he aprendido a ser más independiente y hacer cosas que nunca hice antes, como por ejemplo poner en marcha una lavadora, secar la ropa, doblarla, etc.,  cosas que parecen una tontería para los demás, pero yo siempre tuve personas que lo hacían todo por mí y nunca me preocupé. Una vez aquí, le pregunté a los demás: ¿cómo hago esto? y después empecé a aprender y a hacer cosas.

También eso significa inclusión: aprender de las otras personas compartiendo conocimientos sin tener miedo. Primero pruebo, si lo consigo, muy bien, si no, pido ayuda, sin vergüenza.

Otro aspecto de la inclusión para mí es poner a disposición lo que he aprendido a lo largo de mis estudios. Soy licenciado en Traducción de textos literarios y científicos para la lengua inglesa y portuguesa. Desde 2009 he buscado un trabajo relacionado con los idiomas que conozco pero no tuve suerte, oficialmente estoy en paro porque el sistema italiano no se lo pone fácil a las personas con discapacidad.

En Avilés tengo la posibilidad de hacer talleres de conversación de inglés e italiano para jóvenes y adultos, junto con las otras dos voluntarias, Giulia y Yesim, ¡eso sí que es algo relacionado con mis estudios!

No tuve ningún problema para adaptarme a España, excepto que tuve que darme cuenta de que el español y el portugués son dos lenguas distintas y que, aunque los dos países estén cerca, no es instintivo que una persona me entienda aquí cuando hablo en portugués. Entonces me he dicho: “Bueno, estamos en España, vamos a aprender bien el español y a obtener un certificado que reconozca mi nivel”. Y así, me he presentado en Abril al examen de DELE.

Un último aspecto que me gustaría subrayar es que aquí en España tengo vida social, gracias principalmente a las personas y a utilizar una moto eléctrica para los desplazamientos, algo que nunca hice en Italia porque las calles no están tan adaptadas y no tengo casi gente con la que salir. A muchas personas les da vergüenza pasear o tomar algo con un discapacitado/a porque piensan: ¿Si mis amigos me ven, qué van a pensar?

Aquí nadie me mira por la calle sorprendido porque ando con muletas, simplemente porque la gente tiene cosas más importantes que hacer que decir: “Mira aquel chico. ¿No ves que anda con las muletas?”

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patatas en el bosque-comestible

Aquí Giulia de nuevo, informando sobre las actividades de nuestro proyecto de Servicio Voluntario Europeo…

Una actividad que me gustó muchísimo estos días fue plantar patatas en el bosque comestible; en realidad, habíamos quedado para construir un refugio para insectos, pero, cómo al final no teníamos bastante material ni tiempo, decidimos que sería mejor dejar dicha actividad para otro día y empezamos plantar patatas.

El contacto con la tierra me ha gustado desde siempre, porque yo vivía con mis padres en un pueblo pequeño en Italia, y ya con cinco años iba con mi madre a la huerta para ayudarla.

Hacía muchísimo tiempo entonces que no plantaba nada; me gustó porque, plantando patatas, además de verificar que no hay muchas diferencias en la temporada en la que se tienen que plantar, también tuve una mejor idea de qué apariencia tiene la tierra del bosque, pude pasar mi tiempo hablando con los chicos y
las chicas del proyecto “Antenas Informativas” y con otra gente. 

Tengo verdadera curiosidad por saber cómo se construye una casa para insectos, porque estuve con Yesim leyendo una tarde entera en internet sobre distintas maneras de hacerla, pero me falta practicar. Espero entonces tener esa experiencia también antes de irme, y de paso, por supuesto, ¡os la contaré!

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fix it!

¡Hola a todos/as!

Somos Iván “Viña” y Dani, de Avilés, y estamos haciendo el Servicio Voluntario Europeo en Estonia.

“Fix it” (“Arréglalo”) es un proyecto de Servicio Voluntario Europeo desarrollado en Tallin (Estonia). Somos catorce jóvenes de España, Italia, Francia y Eslovaquia que hemos venido a colaborar en el jardín de un centro para personas con discapacidad.

Esta es nuestra segunda semana aquí y hemos hecho un montón de cosas. Tras un primer día de presentaciones y logísticas varias, tuvimos tres días de formación a la llegada: practicamos bailes estonios,  trabajamos sobre el Youthpass y nuestros objetivos de aprendizaje, aprendimos algo de idioma, etc., siempre colaborando con el resto del grupo.

En el tiempo libre cenamos en un restaurante italiano y en otro ruso, bailamos en un bar en el que tocaban con el acordeón canciones tradicionales, visitamos la parte vieja de la ciudad con nuestras mentoras, etc. 

Durante el fin de semana estuvimos en el mar Báltico metiendo los pies y hasta vimos trasatlánticos. También fuimos a un festival de jazz y pudimos hacer una clase de yoga. 

Hoy hemos empezado la semana de “curro”. Por la mañana tuvimos formación y por la tarde una especie de rastreo por la ciudad buscando monumentos. Tenéis que esperar hasta la siguiente semana para que os contemos cómo va el trabajo en el jardín y os mandemos unas fotos. Mientras tanto os dejamos con fotos en la ciudad, en el albergue donde vivimos y de los retratos que Dani está haciéndole al resto de compañeros/as.

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volunteering for reintegration

Bună!

Somos Alba, Mirta, Alba y Estefanía. Acabamos de empezar nuestra aventura como voluntarias en Slobozia (Rumania), colaborando con el centro penitenciario de esta ciudad.

Nuestro proyecto se llama “Volunteering for reintegration”, y en él estaremos implicadas durante seis meses. El objetivo es lograr la reinserción social de personas privadas de libertad, promoviendo valores basados en el respeto y la igualdad. Nuestro rol principal es apoyar al equipo educativo, contribuyendo con nuestras ideas y proyectos. Por ejemplo, en estas primeras semanas hemos empezado a escribir una obra de teatro sobre Derechos Humanos para que interpreten los internos.

Hasta el momento, y gracias a la ayuda siempre constante de nuestro tutor y todo su equipo, nos hemos sentido plenamente integradas en la ciudad. Hemos recibido nuestras primeras clases de rumano y  bueno…. ” ¡dragosteadintei numanumanumaye!”  (Seguro que cuando publiquemos el próximo post habremos aprendido alguna cosilla más).

Slobozia es una pequeña ciudad al sureste de Rumania, a unos 130 km de Bucarest y a otros tantos del Mar Negro. Lo cierto es que es un lugar increíble, mucho más bonito y agradable de lo que en un principio nos habíamos imaginado. Aquí la gente es muy familiar,  tranquila (excepto cuando conducen) y atenta. Por ejemplo, el primer día, tras recogernos en el aeropuerto, nos obsequiaron con flores y una de las comidas típicas de este país, sarmale.

Estamos seguras de que será una experiencia inolvidable que os iremos contando poco a poco.

¡Nos vemos pronto!  La revedere!!

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bosque-comestible

¡Hola otra vez!
Soy Giulia de nuevo, la voluntaria italiana en Avilés, he descubierto estos días para mi sorpresa que me gusta escribir más que lo que creía. ¡Espero que no os canséis de leer otro artículo de mi parte!

Hoy quiero contaros sobre otra estupenda actividad en la que acabo de participar. Se trata de un taller, organizado y gestionado por Vane y Yesim, para que los peques pudieran descubrir el bosque-comestible de Avilés.

Tras una presentación de los peques, Vane y Yesim organizaron un juego para que pudieran dividirse en grupos; y, pensaréis vosotros, ¿por qué dividirles en grupos? Se me olvidó contaros un pequeño detalle: ¡¡¡¡los peques eran 56!!!!

Trajeron mucha energía y alegría aquí al Patio durante dos días, y, como hacía sol, el segundo día todas las actividades se desarrollaron al aire libre, con lo cual estuvo mucho mejor y creo que eso dio más sentido al taller, porque se podía correr y jugar.

Una vez en grupo, hicimos un juego para que los peques pudieran reconocer algunas plantas que hay en el bosque (por supuesto, no os puedo decir cuáles porque, por si alguien se anima a participar en otro taller, ¡ya no tendría la sorpresa!

Tras ese juego, nos concentramos más en el compost; quiero decir que yo, antes de llegar aquí, no sabía muy bien lo que se puede y lo que no se puede echar al compost; y, además,  el grupo que participó en el taller el segundo día tuvo suerte porque, justo el domingo, estuvimos con la comisión de medio ambiente de El Patio en Cogersa y nos explicaron de manera más profunda cómo tenemos que dividir la basura.

Una vez aclarado lo que se puede poner en el compost, nos quedaba la parte más divertida: “Profe, ¿cuándo vamos al bosque?” era la pregunta
que todo el mundo nos hacía. Y, aprovechando que hacía sol, fuimos todos juntos al bosque; allí, los chicos de la escuela-taller Vedelar, de Fundación Secretariado Gitano, que están haciendo una obra en el bosque-comestible para hacerlo más accesible, nos explicaron lo que están haciendo.

Y, tras el deseo de muchos niños de quedarse con alguna ramitas de plantas del bosque, nos explicaron también cómo hay que cortar las ramitas para que el árbol no sufra y pueda seguir creciendo.

Después eran ya las 12.00 y, la siguiente pregunta de los niños era: “¿Cuándo vamos a comer?“. Y, por supuesto, ¡no se podía ignorar esta pregunta tan importante! Así que nos marchamos en grupo hasta el Patio, donde comimos todos juntos e hicimos algunos juegos al aire libre. En este momento aprendí también algunas canciones y juegos que, por supuesto, voy a enseñar a mis sobrinas a la vuelta.

Además me quedé sorprendida porque, al empezar el taller, muchos niños
se estaban preguntando entre sí sobre mí “¿Pero no ve nada?“. Y yo les contesté que no, que soy ciega de nacimiento. Algunos se quedaron tristes, otros tenían otras preguntas, otros no sabían muy bien como explicarme, por ejemplo, los gestos de la canción que estaban bailando.

Jugando con ellos  durante veinte minutos más o menos, noté que al final se soltaron más y ya no le costaba, por ejemplo, guiarme hasta hacia el otro lado del Patio o hacia otro compañero para continuar el juego. Creo que la actividad les “prestó” bastante (como decimos en Asturias); además, reclutamos también más ayuda para cuidar el bosque: uno de los niños, Javier,  ¡hasta nos preguntó cuándo podía venir a cuidarlo!