On arrival training en Vitorchiano

Tomás, que esta realizando su SVE en Pádova, nos cuenta su experiencia en el » On Arrival training»:

El pasado 23 de junio, 17 días después de llegar a Pàdova a vivir una de las mejores experiencias que uno puede tener en la vida, partía hacia Vitorchiano, lugar cercano a Roma donde desarrollaría durante una semana lo que en SVE llamamos «On arrival training», una semana intensa de aprendizaje sobre el idioma (en mi caso italiano), sobre la cultura propia del país y sobre como afrontar los distintos proyectos.

Tras esa semana puedo decir que ha sido una experiencia increíble. Personas estupendas, diversidad cultural, risas, fiesta y saber, mucho saber. Siete días intensos en los que mejoré mucho el nivel en italiano, conocí de primera mano partes generales y especificas tanto de Italia como de todo el mundo. Hubo charlas acerca de la problemática de la mafia, que ademas esta estrechamente relacionado con el trabajo que desarrollo en Pàdova, discusiones sobre el papel de la UE en la política internacional o sobre el SVE.

Sin duda una semana donde gracias a todas tu mente se abre un poco más, tus ganas de cambiar el mundo aumentan y la fuerza para desarrollar tu proyecto se multiplica por cien. Jornadas interesantes, charlas estupendas, educación intercultural, emocional y mucha unión, mucho equipo.

El quinto día de «training» vivía una de las situaciones mas complicadas que recuerdo. El odio y la sin razón creaba el terror en el Aeropuerto de Estambul, muchas personas morían sin saber por que. Dentro del grupo, o equipo mejor dicho, porque si, eramos un equipo, había dos chicos y una chica de Turquía. Esa noche, repleta de ánimos, abrazos, lágrimas y amor no la olvidará jamás. Una noticia que normalmente te encoge el corazón tan solo unos segundos, porque si, así es, esta vez te lo hacía pedazos. Ver a tus amigos, sus caras, sus lágrimas, su preocupación por sus seres queridos…es algo horrible, terrorífico y que te hace pensar en que nos hace falta mucho, mucha mas educación, mucho mas amor y mas sentimientos.

Es una mierda, pero es en estas situaciones cuando te das cuenta de la importancia de proyectos como el mio, de proyectos como el SVE, de aprender, de pelear, de no mirar hacia otro lado, de unirse, de ser todas una contra quienes pretenden imponer el odio como forma de vida.

¿Qué he aprendido en general?

He aprendido a querer más, a sentir mejor. Mi nivel de idioma ha aumentado muchísimo y mis dudas técnicas han sido resueltas pero lo realmente importante es haber convivido con personas tan diferentes, con culturas tan diversas, sentir sus sentimientos y mostrar los míos. Pienso que de eso va esa cosa de la interculturalidad. Una semana perfecta, interrumpida durante horas por una mancha negra pero perfecta, porque con proyectos como este (con sus miles de fallos claro que si), no habrá suficiente mancha para terminar con nuestra pelea.

weeding in the morning

Vinka, la voluntaria croata que está haciendo el SVE en la Asociación Libélula Huerta, vuelve a la carga para contarnos su día a día en la huerta:

Ya han pasado dos meses desde que escribí y ahora puedo decir qué me gusta y qué no me gusta en la huerta.

Pero primero, no puedo creer que ahora (en septiembre) tengamos fresas en la huerta porque para mí eso es increíble porque en Croacia eso no es posible.

Voy a escribir qué me gusta:

  • Regar, porque cuando la tierra esta seca y pones agua, el olor después de regar es increíble.
  • Sembrar y plantar: las lechugas, las acelgas, las espinacas, las escarolas, las coliflores, los brócolis, las remolachas, los tomates, los pimientos y otras cosas que ahora no me recuerdo y necesito a preguntar Susana jajajajajajajajajajajajajajajajajaja….. es que después cuando puedo ver estas plantas y frutas me pongo muy orgullosa porque sé que estos productos son de nuestro trabajo y amor que ponemos todos los días.
  • Recoger, por ejemplo, ahora tomates, pimientos, zanahorias, rúcula, berenjenas. Sé que a las personas que consumen estos vegetales les gusta cocinar y los sabores que ofrece la producción ecológica.
  • Sallar es como relajarse, no pensar en nada y poder un poco descansar de los otros trabajos. Tenemos una canción en inglés y cada vez yo canto como loca WEEDINGin the morning WEEDINGin the afternoon!!!!!!!!
  • Cocinar y comer comida vegana porque después el trabajo puedo comer por tres personas jajajajajaja

Las cosas que no me gustan son la carretilla con hierba para poner en el monte y despertarse por la mañana e ir con bici a la huerta.

Eso es todo de una chica loca de Croacia.

nagore

Hoy nos hemos reencontrado con Nagore Maté, que acaba de llegar de Kaunas (Lituania) de hacer el Servicio Voluntario Europeo en un centro de acogida, enviada por el Conseyu de Mocedá de Xixón.
– Nagore, ¿en qué ha consistido tu proyecto?

– Yo estaba en un centro de acogida con niños/as de entre 0 y 6 años, algunos/as de ellos/as con discapacidad. Mis tareas consistían en ayudar en las tareas diarias de los/as niños/as (comer, vestirse, etc.), jugar con ellos/as, darles apoyo individual, etc.

– ¿Qué has aprendido durante tu estancia en Lituania?

– A tomar más la iniciativa en ciertas cosas, a ser más creativa, perder el miedo a hablar en público, a hablar en otro idioma. Buf, un montón de cosas.

– ¿Encontraste muchas diferencias entre Lituania y Asturias?

– Lituania es un poco como España antiguamente. Muy conservadora. Si no tienes novio a los 22, te quedas para vestir santos. Del frío ya, ni hablamos.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de allí?

– Mi independencia y vivir en una ciudad un poco más grande. Ser extranjera está guay.

– ¿Qué planes tienes ahora? ¿Te gustaría seguir viajando?

– Sí, me gustaría seguir viajando pero también me gustaría centrarme un poco en mi carrera y me he dado cuenta de ello gracias a estar allí. Ahora mismo, después de haber estado en Lituania y tener a tanta gente me ayudó, me gustaría colaborar con los/as voluntarios/as europeos/as que están en Avilés.

Y dejamos a Nagore para que se vaya a tomar un café con Vinka, nuestra supervoluntaria de Croacia.

 

25 cosas al azar sobre mí

Os presentamos a Athina, que está haciendo el Servicio Voluntario Europeo en Avilés desde hace unos meses…

  1. Me llamo Athina. En español quiere decir  Atenea, la diosa de la sabiduría y de la guerra.
  2. Soy de Thessaloniki.  Una ciudad de estudiantes al Norte de Grecia. Es una ciudad que por lo general inspiró a muchos músicos y artistas.
  3. Me encanta mi ciudad y muchas cosas de Grecia, por lo que cuando vuelva estas invitad@ a visitarme.  Ya verás como la ciudad te conquistará!
  4. Tengo 25 años y sin duda he superado la crisis de los 25. Lo que significa que estoy actualmente tratando de decidir qué quiero hacer con mi vida
  5. ¡Hablo mucho! Muchas veces sobre sexo, el horóscopo y otras cosas al azar. Algunas personas no se sienten cómodas con ello, pero, afortunadamente la mayoría de mis amigos si!
  6. Hablo muy alto y eso es algo que no le gusta a mucha gente, pero si eres de un país del Mediterráneo pudrías entenderlo.
  7. Soy voluntaria europea en Libélula Huerta desde Marzo y voy a estar en Asturias hasta el final de Noviembre.
  8. Lloro con facilidad. Con el cine o el teatro, con una bonita canción o cuando tengo una discusión con un amigo.
  9. Durante mis estudios estaba realmente interesada en la Educación Ambiental. Libélula Huerta es una oportunidad increíble para mí, para aprender más sobre esta temática y compartir lo que sé de mi experiencia anterior.
  10. Cuando quiero limpiar y no tengo tiempo lo meto todo dentro del armario.
  11. Uno de mis sueños de adolescente fue ir a vivir en el extranjero por un período de mi vida. España fue la elección que hice y creo profundamente que acerté.
  12. Puedo ponerme nerviosa por  casi todo… por cosas como el trabajo, la vida amorosa, viajes…
  13. He estado 3 veces antes en Asturias de vacaciones y me enamoré de la región desde el primer momento que estuve aquí. De la gente, los paisajes y  de la libertad que la vista del océano me da.
  14. Me encanta la comida, pero no me gusta ni fumar ni beber… hay mucho equilibrio en mi vida!
  15. Odio la lluvia. Me gusta mucho el sol y el calor. Es lo que más añoro de mi tierra.
  16. Me emborracho con tres vasos de sidra… No soy realmente una bebedora!
  17. En Avilés, he conocido gente muy interesante que me han inspirado mucho. He visto cómo pequeños grupos de personas pueden trabajar no sólo en la teoría, sino también en la práctica en situaciones cotidianas. Aun me parece como un sueño hecho realidad.
  18. Soy un poco gruñona y es algo que realmente me gustaría cambiar.
  19. Espero tener la oportunidad de compartir en mi ciudad las cosas que he aprendido aquí.
  20. Soy adicta a las comedias románticas. Se me pone una sonrisa estúpida con un final feliz.
  21. Me gusta la música tradicional, los bailes y los disfraces tradiciones que he aprendido de mis abuel@s, lo considero una forma de mostrar realmente lo que somos.
  22. Aunque no me gusta gastar dinero en taxis, comida o cafés, la mayoría de mi dinero se va en esas cosas.
  23. Mi mayor sueño es tener una familia (bueno … un poco más adelante en mi vida)
  24. Me gusta caminar descalza por mi casa, pero siempre uso chanclas en la playa… no me gusta la arena!
  25. Creo que las personas son naturalmente de buen corazón y con la educación adecuada se puede hacer de este mundo un lugar mejor para vivir.

un arco de oeste a este

Hoy nos vamos a Bremen (Alemania) para participar en el intercambio juvenil Ein Bogen von West nach Ost (Un arco de Oeste a Este) con un grupo jóvenes de los proyectos Antenas Informativas y Conecta Joven.

Después de haber trabajado duro durante todo el año difundiendo las actividades del Servicio de Juventud en los centros educativos o enseñando informática a personas mayores, Alba, Irene, Jairo, Marcos, Marta, Nerea, Tomás y Yolanda pasarán 12 días con otros grupos de jóvenes de Alemania y Polonia elaborando diversos proyectos de video, foto, plástica e idiomas, además de visitando la zona y conociendo mejor la cultura de cada país.

¡A la vuelta os contamos!

it’s ok, no problem!

– ¿Así que os gustó Zagreb? Yo estuve ahí de Interrail.

Celia contestó, asociando temas: “Pues mi padre es maquinista de tren.” Acto seguido, su interlocutor, uno de los pasajeros del vuelo Barcelona-Asturias, y las otras cuatro restantes compañeras de Celia nos echamos a reír. Llevábamos 33 horas de viaje, que ni Ohrid estuviese en otro planeta, y teníamos las neuronas desactivadas. Habíamos bajado a ver Zagreb en una de las múltiples pausas del viaje de vuelta, en vez de esperar siete horas en el aeropuerto, y queríamos llegar a casa sin que el avión se cayese, cosa que estuvo a punto de pasar, y, a la vez, intentábamos retrasar la vuelta de esos diez días de juegos, playa, lagos y creatividad.

Celia, Ana, Yaiza, Yara y una servidora, Claudia, partimos el 14 de Junio hacia Ohrid, un pueblo en el suroeste de Macedonia, que se sitúa a orillas del Lago del mismo nombre al otro lado del cual se pueden ver ya las montañas albanas. Obviamente, cuando llegamos a Skopje, capital del país, tras un día de viaje, aún no sabíamos lo de las montañas. Sin embargo, a los cinco minutos de llegar al hostal, y gracias a un simpático hostelero, aprendimos que la bebida tradicional de la zona era la rakia y que te abre la garganta que da gusto. Allí nos la plantó para darnos la bienvenida a los Balcanes.

Viajar a los Balcanes es curioso. Estás tan cerca de casa y, sin embargo, en ocasiones parece que estás en otro mundo, especialmente cuando, en plena curva de montaña, los taxis deciden adelantar a tres coches a la vez y tú notas que te pasa la vida por delante de los ojos en un instante. Luca, napolitano, afirma que los macedonios siguen conduciendo mejor que sus paisanos, pero yo no pondría la mano en el fuego.

A pesar de lo encantador de la gente y de la amabilidad que despachaban todos, y a pesar de las ganas que tenían de comunicarse con nosotros en macedonio, aunque de macedonia incredulidad era nuestra cara de respuesta, no puedes por menos que percibir en el ambiente, que no dejas de estar en una zona que hace no tanto tiempo vivió una guerra muy cruenta o sus consecuencias. Por ejemplo, las relaciones entre macedonios y albanos son, en algunos casos, tirantes, y parecía incomprensible que nosotras, llegadas de la península ibérica y sin prejuicios, sufriésemos tal cosa, como hicimos. Sin embargo en nuestro grupo tuvimos participantes serbios, croatas y bosnios y todos se convirtieron en uña y carne.

El proyecto que íbamos a desarrollar se titulaba “Creativity-The Door to your Employment”. Estaba organizado por la asociación Kreator Kumanovo y nos alojaban durante diez días a orillas de un lago de 30 km mientras nos enseñaban, y nos enseñábamos, tácticas y estrategias para buscar y encontrar empleo, a la vez que nos esforzábamos por aplicar nuestros talentos creativos en tal menester. Cuando digo que nos enseñábamos es porque cada país se encargaba de dar una clase a los demás. Dejamos el pabellón español más alto haciendo esto que cuando tuvimos que presentar las opciones de empleo (o desempleo) de la península.

Al final, sin embargo,  lo que hicimos fue jugar mucho. Y lo digo como piropo y privilegio. Tengo la teoría de que, al alcanzar la adolescencia, perdemos la costumbre de jugar porque no es “guay” y, desafortunadamente, nunca la recuperamos. En épocas de desempleo, desconectar y despejar la mente ayuda a que, cuando llega el momento de hacer una entrevista (como hicimos, o al menos simulamos), tengas la mente más clara. Jugamos mucho en clase y jugamos mucho en la playa, siempre con miembros de otros países con los que casi nunca habíamos interactuado.

Aprendimos que un serbio sabe decir en español “Estoy embarazada” porque, aunque no lo parezca, viven enganchados a las telenovelas. Nos dimos cuenta de que entre hablantes de lenguas latinas, aunque el inglés es un idioma muy útil, no hay nada como soltar una palabra en tu propio idioma para que un italiano o un portugués te entiendan. Vimos partidos de fútbol de la Eurocopa apoyándonos los unos a los otros, y nunca pensé que España, Portugal e Italia fuesen a animarse juntos (afortunadamente nos fuimos antes de las semifinales). Nos enamoramos todas de un chico serbio, o al menos eso nos hizo creer él, que tuvo tanto sentido del humor que nos perdonó que ninguno supiésemos pronunciar su nombre en los días que duró el intercambio. Descubrimos que, aunque haya goteras en tu habitación, aunque se te inunde el suelo, aunque se empeñe un macedonio en voltear una tortilla española en el aire ante nuestro estupor, el lema de la zona, que todos asimilamos, seguía siendo “It’s OK, it’s OK, no problem”. Pero cómo que “no problem”, pensábamos, si puedo bañarme en las baldosas del baño en vez de en la ducha.

Los últimos días bailamos, hicimos joyas, pintamos cuadros y creamos un periódico. Y al final celebramos nuestras nuevas amistades en un bar a orillas del lago, a unos treinta grados a las once de la noche, salseando al son de una orquesta cubana.

Macedonia, como, supongo, cualquier intercambio, nos dio muchísima más riqueza personal que aprendizaje profesional. A pesar de eso, al volver a casa surgieron, como churros, informaciones de nuestros amigos del lago que acababan de encontrar trabajos o que habían pasado entrevistas con éxito.

La experiencia fue excelente y la curiosidad que nos ha generado sigue en todas nosotras. Además, como nos apresuramos a aclarar el primer día, el intercambio propicia que ahora tengamos casas de acogida en otros siete países de Europa.