Balkan Trip

Balkan Trip

Recuerdo como un 2 de Noviembre, yo recién llegada, la gente de mi proyecto me decía: Disfruta y viaja! Yo acababa de llegar y ni siquiera sabía muy claro dónde se situaba Eslovenia… Poco a poco descubrí lo afortunada que era por estar en este país.

En mi proyecto siempre se han preocupado porque disfrute la experiencia completa, no solo el proyecto sino también mi tiempo personal.

Ljubljana es una ciudad viva, con posibilidades de conocer gente a todas horas, y por estar en el proyecto en el que estoy, esas posibilidades se multiplican por mil…Fue así como pronto me vi rodeada de un sólido grupo de amigas y amigos: de Francia, Italia, España, Republica Checa, Grecia, Turquía, Macedonia… Algunos de ellos propusieron alquilar una furgoneta y comenzar a viajar por la antigua Yugoslavia, era un plan muy llamativo y que en mi trabajo no quisieron que me lo perdiese por nada del mundo.

Con una mochila no muy grande y una furgoneta espaciosa 9 amigas y amigos nos embarcamos en el “Balkan Trip”, Eslovenia, Serbia, Montenegro, Macedonia, Croacia, Albania y Bosnia. En este viaje descubrí que la experiencia del voluntariado europeo es mucho más que el proyecto en si, es ampliar fronteras, conocer culturas nuevas, mezclarse con la gente local e ir absorbiendo lo mejor de casa.

El nivel de acogida que sentimos en los Balcanes fue inmenso, todo el mundo nos recibía con las puertas abiertas dispuestos a enseñarnos lo mejor de su ciudad, cultura o país.

El tiempo nos acompañó en todo momento lo que nos hizo poder disfrutar de los cañones de Macedonia (Matka), de la ciudad de Ohrid y su lago, de las playas y atardeceres croatas, de paseos por Mostar, de Sarajevo y su comida, de Berat y sus mil ventanas…

Como viaje ha sido una experiencia diez, imágenes que se quedarán guardadas en la retina para siempre y que, posiblemente, si no me hubiese embarcado en este proyecto, nunca lo hubiese hecho.

Una semana para empezar a cambiar el mundo

Una semana para empezar a cambiar el mundo

One worldone home, one hope, one goal,          
One shipone wishone wayone show,
One bodyone dance, one dreamone chance,
One deephot romance, one superficial trance,
One pulse, one spot, one moveone shot.
Oh my godOne Mother is all we‘ve got!                                                                                                                                                   
Os quiero contar una aventura que empezó en julio, dos días antes de Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, es el día del año en el cual el consumo de recursos naturales por parte de los seres humanos (nuestra, mía, tuya, de los vecinos y de la gente de otro lado del mundo) excede la capacidad terrestre de regenerar tales recursos ese mismo año. Es decir, el día cuando empezamos a vivir a crédito. Fue el día cuando solicite un curso de formación „Live Sustainably” (“Vive de manera sostenible”) organizado por Biodiversa, una organización medioambiental de Gijón, cuyo objetivo es conservar, proteger, estudiar y disfrutar de la naturaleza. Los cursos de formación, como los intercambios juveniles y antes el servicio de voluntariado, forman parte del programa Erasmus+.

Me sentí muy afortunada por poder participar en un curso del nivel europeo en un pequeño pueblo de Puelles en Villaviciosa. Primero, porque amo a Asturias más que nada y otra vez encontré la evidencia que es la tierra de infinitas oportunidades. Segundo, porque siempre intento viajar en la manera sostenible, buscando cada posible opción antes de coger el avión. Admiro todxs lxs participantes que tomaron el tema de la formación en serio y vinieron en trenes, autobuses e incluso barcos para reducir su huella de carbono y estoy muy contenta, que esta vez no me tocó a mí viajar 50 horas en el autobús.

(Si queréis comprobar la huella de carbono de vuestros vuelos, podéis usar esta calculadora: https://www.atmosfair.de/en/offset/flight)

Da igual el modo de transporte que usamos, todas las personas participantes llegamos y pudimos pasar una semana en otro mundo: el mundo de confianza, reflexión, educación no formal, círculos y cuidados, el mundo de la comida sana y local, el mundo de escuchar antes de hablar, de no juzgar, de compartir. Y de responsabilidad. Durante cinco días del curso hicimos viaje desde lo individual hasta lo comunitario. Después de crear nuestra pequeña comunidad, empezamos a profundizar el tema de la formación. Algunos problemas que intentamos entender eran:

¿Cuál es el status quo actual?

¿Cómo las funcionan los sistemas y donde esta nuestro sitio en ellos(No solo existen las cosas que se ven, si me muevo yo los que dependen de mí también se mueven. ¿Quien depende de ti?)

¿Porque creemos en las informaciones que nos llegan? ¿Los vasos biodegradables son buenas para el planeta?

¿Compramos por necesidad o por deseo? ¿Porque deseamos productos baratos y dañosos para otros seres humanos?

¡Y muuuuucho másNo todas las reflexiones eran positivas, pero lxs facilitadorxs no nos dejaron caer en agujero negro de la tristeza y desesperanza, al revés, conseguimos crear base de la red que en futuro puede transformarse en Youth Workers for Sustainability Network.

Volví de la formación motivada y, lo más importante, con la impresión que el mundo está lleno de las personas luchadoras que quieren y saben como cambiar el mundo!

Mí aventura no acaba aquí. Tengo deudas, pero ya se como y con quien puedo pagarlas. Hemos empezado a colaborar y estamos preparando algo también para vosotrxs!                                                                                                                            

Stay tuned!                                                                                                                                                                                                
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            
                                                                                                                                                                                                         
Último día de voluntariado

Último día de voluntariado

¡No hay duda, el verano es la mas rápida de las estaciones!

Los días se alargaban ya cuando, por primera vez, aterricé en Asturias. Una región que apenas sabía que existía y que ahora, con el sol que se pone cada día un poco antes, se convertirá en una parte importante de mis recuerdos.

La experiencía del voluntariado en otro país me ha permitido conocer nuevos sitios, personas y culturas y también aprender algo de mí mismo.De estos meses se me quedará sobre todo el tiempo pasado con los jovenes de mis proyectos y todo lo que supieron transmitirme y enseñarme, pero también se me quedaran los momentos divertidos durante la fomación con los otros voluntarios de España y todas las personas que he conocido aquí en Avilés.

Las actividades en los institutos, el intercambio en Francia, la semana en Toledo, las pachangas y los amigos que vinieron a verme ( incluso mi madre !) hicieron que estos meses lejos de casa se parasan casi sin que me diera cuenta. Por todo eso también tengo que agradecer a las personas de mi asociación el apoyo que siempre me han dado.

En fin, vuelvo a casa enriquecido (bueno, no economicamente ajaja) y con la conciencia de haber vivido una experiencía que me arrepentiría de no haber vivido.

Entonces digo:

¡gracias Avilés y hasta luego! 🙂

¡Vive la France! Nuestros jovenes nos cuentan su intercambio en Francia

¡Vive la France! Nuestros jovenes nos cuentan su intercambio en Francia

Siesta, comida, olé olé… Olvidatelo!

Este verano hemos ido a Francia a conocer gente de otros paises.

Para ser la primera vez en un intercambio, nos adaptamos facílmente tanto al lugar como a las personas. Sin darnos cuenta, nuestro proprio grupo creó un vínculo muy bonito. A medida que pasaba el tiempo íbamos ganando confianza con la gente, aunque se nos iba haciendo más cuesta arriba la despedida.

Que llorera el último día! Y nunca lo hubiéramos imaginado.

Un millón de actividades al día, como mínimo, nos ayudaron a conocer más a las otras personas y sus costumbres. A pesar del ritmo de las actividades, incluso logramos conseguir un poco (alguien dice muy poco) de tiempo libre.

Abstrayendote de las camas, la comida ” particular”  y los mosquitos, se puede disfrutar de un lugar idílico. Sí que es verdad que al ser todo tan divertido te olvidas de estas imperfecciones.

Tras una semana que parecía ser eterna, pero terminó sin darnos cuenta, la verdad es que volvimos a casa con ganas de mucho más!

Adaptaciones, camuflajes, ampliaciones

Adaptaciones, camuflajes, ampliaciones

Adaptaciones, camuflajes, ampliaciones de la propia persona, estar de viaje. Estar en Polonia.
Visible o invisible, patente o latente, a estas alturas no estoy segura de sí lo ví, o lo sentí, pero igualmente estaba todo ahí. Su historia, su arquitectura, lo que falta pero que estuvo ocupa casi más lugar que lo que está. La misma ciudad es muchas, es Wroclaw, fue Breslau, en latín Breslavia. Fue polaca y luego de Bohemia, Húngara y parte de la monarquía de los Habsburgo, fue de Prusia, de Alemania y de vuelta, Polaca. Esta diversidad de origen y nombres que en un principio me pareció atractiva, viva y misteriosa también me deja exhausta.
Todo es fotogénico. El barrio judío y la sinagoga, el Rynek y el old town, colorido y espacioso, una plaza inmensa al estilo que sólo se encuentra en el centro de Europa, con portales de piedra donde se leen los apellidos de las familias a quienes pertenecieron, y que
recuerdan a otras ciudades del este y a ninguna del oeste. Suelos empedrados hasta el margen del casco antiguo, donde la ciudad cambia de nuevo y aparece el cemento de aire soviético, un poco vintage, un poco húngara, un poco gitana, auténtica, casi extinta.
Todo está ahí al alcance de la mano; los contrastes te encuentran a tí, si te dejas salir del selfie facilón, de repente encuentras carriles de tren que desaparecen en la hierba, imposible obviar lo poético que resulta verlos meterse adentro de la tierra sin que nadie se
hubiese preocupado por desmontarlos, mientras todos los trenes llevan a los 16 centros comerciales que funcionan todo el día en una ciudad del tamaño de Sevilla. Probablemente no he visto tanto hierro junto en toda mi vida. A veces el contraste me da vida, pero otras no me cuadra, no consigo ver la correlación entre la sociedad y el entorno. Por un lado estoy en la capital de la cultura y por otro llevo
una mascarilla que protege de la contaminación del aire. Todo está a diez minutos caminando pero tardó cuarenta por el tráfico. Mientras camino veo escaparates que son una mezcla entre castizos por vacíos, o de barraca de feria por llenos, en cualquier caso son
como de otra era, y al mismo tiempo el 80% de la ciudad trabaja para las multinacionales de telecomunicaciones. Hay un momento en que miro a mi alrededor y me doy cuenta de que todos somos Erasmus. Luego me cuentan que sólo hay una generación de polacos originales de Wroclaw, porque aunque no sea vea, por debajo, en el sustrato, donde no conseguí llegar pero aún así presiento, están las migraciones, las historias cruzadas y la identidad mestiza.

Acababa de comenzar el verano

Acababa de comenzar el verano

Acababa de comenzar el verano, tenía planes con mis amigas pero ese finde estaba con mis padres en un bar. Suelo mirar el Instagram de El Patio por si sale algún intercambio que me interese pero esa vez vi un voluntariado. Me llamó la atención que fuera corto y que fuera en Bulgaria (mi primer intercambio fue allí)  así que me interesé en él.

Era un proyecto sobre arqueología. Se lo comenté a mis padres dejando claro que a mí la arqueología no era lo que me movía, pero el ir tras nuevas experiencias en el extranjero sí.  Mis padres se interesaron sobre el proyecto y me animaron a ir, a no desaprovechar la oportunidad. Yo lo dejé pasar porq ya tenía planes con gente pero mi madre me avisó: “al final  no se van a hacer esos planes y te habrás perdido el voluntariado”.Tenía razón, me di cuenta cuando ya había pasado el plazo de inscripción, pero hablé con María y me consiguió una videollamada con Pepa ( organizadora del proyecto la cual ya me conocía del intercambio). Me encontraba a dos semanas del proyecto, preparando la maleta y con cientos de miedos. Iba a ser la más pequeña, a vivir por primera vez por mi cuenta, a tener que cocinar y no morir de hambre, a trabajar por primera vez ( y en una excavación), miedo a sentirse sola.

No me arrepiento de nada porque ninguno de mis miedos ocurrió. De las risas cuando nos perdimos en el aeropuerto, de cuando lloramos de la risa por ver q teníamos q cruzar toda Sofía con maletas de 20 kg, de conocer al grupo, de hacer grupo y amigos , de conocer a nuestra compañera de piso italiana, de conocernos a nosotros mismos en nuevas situaciones, de no parar de reír por la noche, de las charlas en la cocina o las cenas todos juntos. De planificar viajes en el último momento y volver el lunes al trabajo recordando todos los buenos momentos juntos. De hacer reír hasta a la profesora de yoga de lo torpe que eres y sobre todo de darte cuenta que eres capaz de sobrevivir, de conocer a gente  maravillosa, de darte cuenta cada día de todo lo que estás aprendiendo ( a manejarte con dinero a viajar por países extranjeros, a cocinar, a trabajar…). Aprender lo que te gusta y lo que no, a saber lo que es la arqueología y sobretodo a conocerte a ti misma y saber todo, lo que vales.

Nos quedan dos semanas aquí, muchos viajes y mucho que aprender todavía. No me quiero ir, este está siendo mi verano, aquí en Bulgaria, rodeada de gente maravillosa.