Si ya de normal el profesorado somos una pesadilla para el alumnado, por un día nos volvimos su peor pesadilla hecha realidad. Convertimos el colegio en una auténtica casa del terror donde los gritos abundaban por todos los rincones. Nunca viene mal descansar de las obligaciones para pasar un buen rato asustando a adolescentes.

Por otro lado, vivimos en primera persona la exageración de decir que no se respira bien con las mascarillas. Hay quién sobrevivió a los sustos, y luego estamos la gente que sobrevivió a llevar durante horas la mascarilla con otra máscara encima. Más que no respirar, lo que no se hacía era ver.

La segunda ola está llegando con más fuerza también en Dinamarca y restricciones que en España están desde marzo, llegan ahora al norte de Europa. Por primera vez en este país, han decretado el uso obligatorio de mascarillas en espacios cerrados.

Esperemos que la situación mejore pronto en todo el mundo en general, y que no empeore aquí en particular para poder seguir disfrutando del voluntariado.