Por: Marten Reinstra

Para mi, un coche siempre no ha sido más que una cosa útil y contaminante que te lleva de punto A al punto B. No me interesaba cual coche era. Tampoco tenía un coche viviendo en Ámsterdam porque allí se puede hacer todo en bici y tren. Sin embargo, para venir a Avilés decidí comprar mi propio coche, así podría traerme mas cosas que en un avión o autobús y me imaginaba que en Asturias sería más fácil ir a muchos sitios en coche. ¡Entonces empecé a buscar uno de segunda mano! Se abrió un nuevo mundo entero, el mundo de los coches. Tenía que decidir sobre el tipo del coche que quería, la marca, la edad, el kilometraje y el precio. Después mucha investigación aprendí tres cosas importantes:

  1. Coches asiáticos son siempre más fiables y entonces más baratos porque necesitan menos mantenimiento.
  2. Es mejor buscar un coche feo ya que es aún más barato. Y yo quería lo más barato que posible.
  3. Prefiero un coche en que se caben muchas cosas. Por ejemplo, una tabla de surf o una bicicleta.

Asturianos y sus furgonetas
Finalmente encontré el modelo perfecto a un precio que no estaba malo. Es un coche asiático, feo y grande. ¡Perfecto entonces! Aquí en Avilés parece que todo el mundo tiene un coche. Lo que me gusta mucho es que muchos son furgonetas que se usa para dormir en playas y otros sitios bonitos en Asturias. Así los asturianos pueden pasar mucho tiempo en la naturaleza y me parece muy guay.

¿Automovilista para toda la vida?
También me he dado cuenta de que tener un coche es carísimo, solo por el seguro y los impuestos en los Países Bajos pago €100 por mes. Eso lo pagas sin ni siquiera usarlo. Muchos amigos me dijeron: “ahora que has sentido el lujo de tener un coche, no prescindirás.” Pero no me puedo imaginar que me quede con el coche cuando vuelva a Ámsterdam con tantas alternativas para moverme allí. El futuro lo dirá.