Es el día 7 de enero de 2020 y después de ocho meses aquí mi proyecto de voluntariado sigue En Construcción. En construcción de mis nuevas maneras de trabajar, gestionar, dudar, definir y solucionar (o evitar) problemas, expresar inseguridades, estar sola y con otras personas, pedir ayuda, saber lo que quiero y lo que no quiero hacer. Todo eso es un proceso grande y no deja de cerrarse en el marco de proyecto, pero se nota claramente, que ahora la experiencia de aprender y reflexionar es mucho más intensa que en antes en mi vida. Estoy eternamente agradecida y adoro a todas las personas, que están alrededor de mí apoyándome en este proceso y motivando me para reflexionar y encima disfrutarlo.

Me doy cuenta, que ahora uso las palabras „vida” y „proyecto” en la manera intercambiable, como si no existiera otra vida que voluntariado, y la verdad que estoy muy sorprendida con eso. Sabía que puede pasar algo parecido, pero me creía preparada, pensando que ya tengo experiencia de hacer otro voluntariado en Avilés, tengo amigxs aquí, no voy a echar de menos mi familia, me gusta el pan de aquí – todas las cosas que hay que cambiar en la vida cuando te vas a pasar un año en otro país, que al principio parecen problemas, pero luego se convierten en nuevos hábitos y eventualmente en nueva  vida. Así que pensé experta, pero ahora veo, que simplemente no sabía, que me estaba esperando. Una lección de humildad.

Pasan meses y mis tareas se están cambiando. En abril empecé con una idea, pero por el camino aparecieron nuevas propuestas y acepté muchas de ellas. Los últimos cuatro meses quiero dedicar a los temas de ecología y consumo responsable. Volveran los Sábados Verdes en el Bosque Comestible y los talleres de costura (por fin volvemos al Edificio Fuero). Estaré también trabajando con dos grupos: sobre la diversidad con el proyecto Diversity Sparkles – ya podéis reservar todos los últimos viernes del mes y con el nuevo grupo Ecohuerto del Patio. ¡Vamos a tener también algunas sorpresas!

Jola