Y como todo en la vida, aquello que empieza tiene un final. Y con éste en concreto, el regreso a casa.
Es ahora cuando la hora de empaquetar los recuerdos, las experiencias y las amistades en ese espacio libre que dejaste en la maleta nada más llegar, porque previsora, sabes que siempre que viajas vuelves con más de lo que llevas.
Cuando una experiencia como esta acaba, no vuelves a ser tú. Y eso es lo mejor. Has cambiado. Eres una mejor versión de tu misma. Un punto de no retorno.
Has experimentado, vivido, llorando y puesto en situaciones que no imaginarias. Has visto paisajes que pensabas que no existían y has interactuado con gente que se han convertido en imprescindibles durante las cálidas y cortas noches de verano donde todos os reunís en un pueblo perdido en mitad de un país al que llegáis por bus, tren o prevoz. De eso te das cuenta cuando guardas amaneceres que nunca pensarías vivir, comidas que nunca pensarías probar, e incluso hablado de cosas que pensabas que no eran para ti. Incluso cuando has mejorado tu inglés a base de practicarlo a diario, y es ahora cuando te das cuenta que el eterno y clásico Intermedio 1 absolutista de los CV es más que justificable ahora que has vuelto.
Pero vuelves, y a la vez no regresas. Eres una persona nueva. Tu ADN se ha modificado. Tus pies han recorrido caminos que ahora solo se dirigen hacia delante. Has conocido la incomodidad de no entender nada en un país extranjero y la calidez de volver a casa y reencontrarte con tu idioma para expresar así de la mejor manera posible todo lo que has vivido.
La vida sigue, y aún más después de un confinamiento durante dos meses y medio donde, aun mas si cabe, la experiencia de crecimiento personal se intensifica. El tiempo se para, existes en una realidad paralela que comienza a despertar en el momento en el que el mundo respira, y eres consciente del lugar que ocupas en el mundo. Todo se resumen en horas llenas de videollamadas y vacías de abrazos. Aprendes el valor del contacto y recuerdas con cariño a tus seres queridos.

Porque si algo nos ha enseñado este año, es a valorar las pequeñas cosas y a desdeñar lo superfluo. A la importancia de viajar, de conocer, reír y llorar. En definitiva, de sentir. Este es el momento de prepararse mentalmente para saber que esto, es la verdadera vida. Viaja, experimenta, come, respira, ríe, conoce y vive. Por favor.
Se voluntario, crece como persona. Sé la mejor versión de ti mismo.