Hola, soy Alba Molina y os voy a contar qué tal me fue en mi última experiencia. El proyecto se llamaba “EVS-it Works!”, y era un seminario en el que, durante una semana, 18 jóvenes, todos de países diferentes, estuvimos charlando y compartiendo experiencias en Lublin (Polonia) acerca de cómo es acoger en la asociación personas que están haciendo su SVE, a qué problemas nos solemos enfrentar, posibles soluciones y cuál es nuestro rol con los voluntarios. También fuimos a Varsovia a visitar algunas organizaciones y pudimos hablar con los voluntarios que están haciendo allí su SVE: todos estaban encantados de contarnos qué hacían y por qué habían decidido vivir esa aventura que, en la mayoría de los casos, “te sacude la vida si vas con la mente, el corazón y los ojos bien abiertos”.

Pero lo mejor de todo, como más de una vez hemos oído, es compartir esta experiencia con gente que tiene tanto que contarte, y lo más importante y no tan común, tener tiempo para escucharles. En mitad de tu día a día y de tus prisas, de repente aterrizas en una casita, a las afueras de un pueblo, lejos de todo. Solo te quedas tú mismo y tu viejo enemigo, el inglés, para pasar la próxima semana, lo demás es todo nuevo y está por descubrir.

En mis primeros intercambios siempre pensaba que había tenido muchísima suerte, que las personas que habían participado eran excepcionales, y todos estábamos de acuerdo en que esto no siempre pasa, ¡éramos unos afortunados!

Pero empiezo a tener serias sospechas de que esto no es así. Personas íntegras, que te enseñan a mantener abiertas las puertas de la casa y del espíritu, de esas hay por todas partes. La suerte no está en haber coincidido con algunas de ellas, es cuestión de probabilidad, pura matemática. La suerte está en que nos den la oportunidad, el tiempo y el espacio para hacerlo.

Así, entre dinámica y dinámica nos fuimos conociendo, descubriendo otros puntos de vista, otras historias, otras problemáticas (aunque en lo esencial todas se parecen). También pude conocer las asociaciones en las que estos jóvenes trabajan, todas ellas muy implicadas con su localidad, muy activas en el ámbito social. Compartimos buenas prácticas, ideas, y finalmente, dedicamos el último día a pensar y redactar futuros proyectos. Por todo ello esta experiencia ha sido y va a ser muy útil, no solo a nivel personal, sino también para mi asociación. 

Ahora conocemos muchas más asociaciones que están interesadas en fomentar los intercambios y las experiencias interculturales, y esperamos que en un futuro cercano podamos comenzar a recoger los frutos de este encuentro y a compartir nuevos proyectos.